Entrevista realizada por Heraldo al Vicepresidente del COPPA
Santiago Boira habla sobre la importancia de contar con los hombres en la lucha contra la violencia de género.
¿Cómo afectó a la violencia de género la manifestación del 8-M y la sentencia de la Manada?
El discurso social de la igualdad y contra la violencia de género lleva muchos años instalado, desde la ley integral de 2004. Pero lo que ha pasado en los últimos meses es que se ha hecho muchísimo más visible y ha llegado a todas las áreas de la sociedad. Además, al hablar con las feministas me dicen que las nuevas generaciones de mujeres han participado de manera más activa.

¿Eso ayuda a entender la respuesta tan contundente de suspender las fiestas de Binaced por la agresión a una chica?
La violencia de género, como la situación de desigualdad entre hombres y mujeres, son hechos que van mucho más lejos de la víctima y el agresor. Todas las decisiones que implican a la comunidad son fundamentales, como las reacciones contra la sentencia de la Manada. Una cosa es ver si se cambia el Código Penal y otra si en la comunidad están enraizados los valores patriarcales y si se pueden desenmascarar, como las relaciones sociales entre hombres y mujeres que están detrás. Hay que trascender al hecho y llegar a sus causas y ver cómo afecta a la sociedad. Y ese es el elemento clave.

Usted ha trabajado con maltratadores. ¿Cómo se soluciona esta situación entre los agresores?
En un hecho violento solo se piensa en la violencia física y no en la atmósfera o en lo que lo provoca. Cuando trabajé con maltratadores llegué a la conclusión de que la mayor parte de las agresiones a las mujeres son psicológicas o atmosféricas, no se ven y no son fácilmente imputables. En 1999 abordé el tema cuando se creó el servicio Espacio por el Instituto Aragonés de la Mujer y también en el Centro de Inserción Social Trece rosas en 2011. Hay que descubrir lo que hay detrás de las agresiones, como el control, el sexismo, el miedo y el modo de entender el amor romántico y las relaciones asimétricas entre hombres y mujeres. Allí está el caldo de cultivo que generará la violencia entre la pareja, en el ámbito laboral o el educativo. ¿Se sorprendió en sus estudios de lo que pasa en los institutos? Las actitudes machistas están muy presentes en los institutos. La Ley de Igualdad define el patriarcado y un amplio espectro de las desigualdades, como el lenguaje, los juguetes de los niños y niñas, los currículum y hasta en la política pública. El Gobierno de Pedro Sánchez acaba de aumentar la financiación a las autonomías para atacar la violencia de género... La igualdad es cultural y hace falta financiación pública detrás para desarrollar esas políticas. Es preciso que la Administración defienda la igualdad, también las empresas: hay que bajar al terreno real y ver si se ejecuta.

¿Cómo se frena la desigualdad?
Lo importante es tomar conciencia de que estamos en situaciones que no son normales.

¿A qué se refiere?
Por ejemplo, en los mitos del amor romántico, como cuando se dice "contigo, pan y cebolla" y "te amaré hasta el infinito". Lo que hay detrás puede llevar a episodios de violencia y hay que descubrirlos. Es crear el amor como el poder de ellos hacia ellas. "O eres mía o para nadie", dijo un asesino. Un agresor que apuñaló a su pareja en Torrero le declaró que la querrá siempre... El sistema patriarcal afecta a los varones y a las mujeres, pero ellos lo utilizan para establecer las ventajas. Hay relación entre la violencia y el machismo, el amor romántico y el sexismo. "La maté porque era mía" implica que solo estás allí (la mujer) para servirme (al hombre). Puede verse tanto en casos de personas mayores como de joven. Pero en la prevención, no podemos actuar sin contar con los varones porque es clave involucrarlos en la lucha contra la violencia de género.

¿Qué perfil tienen los agresores?
Algunos atacan como la serpiente cobra y otros como los perros que no te sueltan: pero no hay un perfil claro en relación a los celos y a los casos de psicópatas. La mayoría tienen una distorsión sobre el género.