Septiembre y la vuelta a la rutina: la estructura como aliada del bienestar psicológico
Cada septiembre, el regreso al trabajo y a las aulas se instala en las conversaciones cotidianas y se convierte en noticia en los medios de comunicación. Se habla de cuesta arriba, de falta de energía, de dificultad para retomar el ritmo. Desde el Colegio Profesional de Psicología de Aragón queremos aportar una lectura serena de ese momento, porque la forma en que nombramos lo que sentimos condiciona cómo lo afrontamos.
Sentirse más cansado, con el ánimo bajo o con resistencia a madrugar durante los primeros días es una experiencia frecuente y esperable. Conviene, sin embargo, distinguir con claridad entre una respuesta fisiológica de adaptación y un problema de salud mental. Un decaimiento leve o una pereza pasajera no constituyen indicadores de un trastorno clínico: son la respuesta de un organismo que se ajusta a un cambio de ritmo, y remiten con rapidez en cuanto se recuperan los hábitos cotidianos. Se trata, además, de un proceso acotado en el tiempo. Son algunos de los aspectos que analizó en Onda Cero la psicóloga colegiada Mónica Goremberg: "la adaptación también tiene un horizonte temporal. En dos o tres días ya te has olvidado".
Esta precisión importa. Interpretar un malestar transitorio como síntoma de enfermedad amplifica la preocupación y desplaza la atención de aquello que sí resulta útil: acompañar el proceso de readaptación con paciencia y con hábitos sostenibles.
La función psicológica del orden
La imprevisibilidad resulta atractiva, e incluso deseable, durante el descanso estival. Prolongada en el tiempo, en cambio, se tolera mal. "Nuestro cerebro necesita orden. Una vida ordenada es positiva. La incertidumbre a largo plazo es algo que toleramos mal, de hecho, puede generar mucha ansiedad", explicó Goremberg.
La rutina opera, en buena medida, de forma inadvertida. Aporta un propósito diario -poner el despertador tiene sentido porque hay cosas que hacer y lugares a los que ir- y reduce la carga cognitiva: anticipar cómo va a transcurrir la jornada ahorra un flujo constante de decisiones y proporciona certidumbre y seguridad. Las vacaciones resultan gratificantes, precisamente, porque constituyen una excepción a esa estructura previa. Recuperarla no supone renunciar a nada, sino restituir el marco que sostiene el funcionamiento diario.
El inicio del curso en las familias
Para las familias, septiembre concentra una intensidad añadida con la vuelta al colegio. Juan Novel, coordinador del grupo de trabajo de psicología en el ámbito laboral del COPPA, describió en Aragón Radio este momento como "el lunes de los meses".
La recomendación desde el ámbito profesional se orienta a restablecer la funcionalidad de manera progresiva antes que a forzar un regreso abrupto a los ritmos del curso. Sincronizar los horarios de forma gradual, estabilizar las rutinas de comidas y asegurar ciclos de sueño reparador constituyen tres apoyos básicos para que niños y niñas recuperen su equilibrio sin sobrecarga.
Pantallas: una calma aparente
Entre los retos a los que se enfrentan hoy los hogares, la gestión de los dispositivos tecnológicos ocupa un lugar destacado. Tras un verano de mayor flexibilidad, buena parte de la infancia regresa a las aulas con un uso de pantallas más intensivo de lo que resulta recomendable.
Existe además un efecto que suele pasar desapercibido para las familias. "Las pantallas producen una desregulación. Cuando vemos a nuestros hijos e hijas tranquilos con la pantalla, la tablet o el móvil, pensamos que se están relajando. Pero eso no les está relajando, les está desregulando", advirtió Novel.
El juego ruidoso, el movimiento y la actividad física forman parte del desarrollo infantil y cumplen una función clara en la canalización de la energía. Cuando esa actividad se sustituye por el letargo digital, el impacto se traslada a los ritmos de sueño y al bienestar de los y las menores. Es un aprendizaje que excede el mes de septiembre y resulta pertinente durante todo el curso.
Una responsabilidad que corresponde a las personas adultas
Desde el COPPA queremos subrayar un último punto: la regulación del uso de la tecnología no puede recaer sobre los propios menores, que aún no disponen de las herramientas necesarias para autorregularse de forma autónoma. "No pueden tomar esa decisión porque no tienen todavía las herramientas o las habilidades de regulación necesarias para saber cuándo parar", explicó Novel. "Un móvil o una tablet somos los adultos quienes se la ponemos en las manos, y hay que hacerlo conscientes de lo que les damos, cómo se lo damos y cómo regular el tiempo de uso".
La vuelta al orden de septiembre se perfila, en definitiva, más como una oportunidad que como un obstáculo para restaurar el equilibrio. Los ritmos, las rutinas y la estructura no son restricciones que limiten el bienestar, sino pilares que lo sostienen. Conforme avance el mes, la rutina recuperará su papel habitual: el de aliada de una vida emocionalmente saludable.
Puedes escuchar aquí las intervenciones completas de Mónica Goremberg y Juan Novel, psicólogos colegiados del COPPA, en Onda Cero Aragón y Aragón Radio.